La movilidad urbana evoluciona hacia modelos más sostenibles, aunque ese cambio no afecta por igual a toda la población. Los patrones de desplazamiento difieren según el género, especialmente debido a la distinta distribución de las responsabilidades de cuidado y de las actividades cotidianas. Incorporar esta realidad en la planificación del transporte se ha convertido en un factor determinante para construir ciudades más accesibles, eficientes e inclusivas.
La perspectiva de género, clave para diseñar un transporte público más inclusivo
Diversos estudios muestran que las mujeres realizan un mayor número de desplazamientos vinculados a los cuidados, las compras, el acompañamiento de menores o de personas dependientes y otras gestiones cotidianas. Como consecuencia, sus trayectos suelen ser más cortos, frecuentes y encadenados, combinando distintos medios de transporte a lo largo del día en lugar de seguir el tradicional recorrido entre el domicilio y el lugar de trabajo.
Los datos reflejan esta realidad. En Barcelona, el 39,5% de las mujeres utiliza habitualmente el transporte público, frente al 28,5% de los hombres. Asimismo, el 45,5% de los desplazamientos femeninos se realizan a pie, mientras que el uso del vehículo privado es considerablemente inferior al de los hombres. Estas diferencias evidencian la necesidad de que la planificación urbana tenga en cuenta los distintos patrones de movilidad existentes, incorporando criterios que favorezcan la accesibilidad, la intermodalidad y la conectividad entre barrios y servicios.
La inclusión de la perspectiva de género permite comprender mejor el uso del transporte público por parte de las mujeres, identificando necesidades específicas que tradicionalmente han quedado fuera de los procesos de diseño de infraestructuras y servicios.
Seguridad, accesibilidad y planificación para una movilidad más equitativa
La experiencia de uso del transporte no depende únicamente de la disponibilidad del servicio. Factores como la iluminación de las paradas, la visibilidad de los recorridos peatonales, la frecuencia de paso, la eliminación de barreras arquitectónicas o la percepción de seguridad influyen de forma decisiva en la elección del medio de transporte, especialmente entre las mujeres.
Las buenas prácticas desarrolladas en diferentes ciudades muestran que integrar la perspectiva de género desde las fases iniciales de la planificación permite mejorar la calidad del servicio para toda la población. La recopilación de datos desagregados por sexo, la participación de las mujeres en los procesos de diseño urbano, la evaluación de los recorridos asociados a los cuidados y la incorporación de medidas de prevención del acoso contribuyen a generar sistemas de movilidad más eficientes y seguros.
Este enfoque también favorece el avance hacia los objetivos de sostenibilidad, ya que impulsa un mayor uso del transporte público, de los desplazamientos a pie y de otras alternativas de movilidad activa, lo que reduce la dependencia del vehículo privado.
La incorporación de la perspectiva de género en las políticas de movilidad constituye, por tanto, una herramienta estratégica para construir ciudades más resilientes, inclusivas y sostenibles. Analizar cómo se desplaza la población y adaptar la planificación a esa diversidad permitirá desarrollar redes de transporte capaces de responder a las necesidades presentes y futuras, mejorando la calidad de vida y promoviendo una movilidad verdaderamente equitativa.