Con la llegada del verano y las escapadas de fin de semana, muchas personas preparan su neceser intentando ahorrar espacio, evitar facturar o cumplir con las restricciones de líquidos del equipaje de mano. Una práctica cada vez más habitual es traspasar el protector solar a envases pequeños, muchas veces transparentes, pensando que el producto seguirá funcionando igual. Sin embargo, este gesto aparentemente práctico puede comprometer la estabilidad de la fórmula y reducir la eficacia de la protección solar.
Virginia Barrau, farmacéutica y máster en Dermocosmética, advierte de que no se trata de una crema cualquiera. El protector solar es un producto clave para reducir el daño que la radiación ultravioleta produce en la piel y forma parte de las medidas fundamentales de prevención frente al cáncer de piel.
Los fotoprotectores son fórmulas complejas, diseñadas para proteger frente a la radiación ultravioleta, especialmente frente a los rayos UVA y UVB. Para que esa protección sea real, el producto debe conservar su composición, su textura, su homogeneidad y la estabilidad de sus filtros solares hasta el momento de aplicarlo sobre la piel.
Según explica Barrau, el envase original forma parte de esa protección y no está elegido al azar. Los laboratorios formulan y testan los protectores solares en unas condiciones concretas, incluyendo el tipo de envase, el material, el sistema de cierre, la opacidad y la capacidad de proteger el contenido frente a la luz, el calor, el aire y la contaminación externa. Cuando se cambia el producto a otro recipiente, especialmente si es transparente o no está diseñado para cosméticos solares, se rompen esas condiciones de conservación.
Uno de los principales problemas es la exposición a la luz. Muchos filtros solares pueden verse afectados por la radiación y degradarse con el tiempo, sobre todo si el producto queda en un envase transparente, dentro de un bolso, en la playa, en el coche o cerca de una ventana. La luz y el calor aceleran la alteración de la fórmula y pueden hacer que el fotoprotector pierda eficacia antes de llegar a la piel.
Además, el calor es otro enemigo habitual del protector solar. En verano, un neceser puede alcanzar temperaturas elevadas en muy poco tiempo. Dejar el fotoprotector en el coche, en una mochila al sol o sobre la toalla puede favorecer que los ingredientes se degraden o que la emulsión se desestabilice. Cuando una crema solar cambia de olor, color, textura, se separa en fases o se vuelve más líquida o grumosa, es una señal de que puede no estar en buen estado.
Traspasar el producto también aumenta el riesgo de contaminación. Al manipular la crema, abrir un envase, verterla en otro recipiente y tocar boquillas o tapones, se facilita la entrada de aire, microorganismos o restos de otros productos. Esto puede alterar la calidad de la fórmula y afectar tanto a su seguridad como a su eficacia.
Barrau también recuerda que existe otro problema añadido: la cantidad. Al pasar el protector solar a un envase pequeño, muchas veces se lleva menos producto del necesario. Para que el factor de protección indicado en el envase sea efectivo, hay que aplicar una cantidad suficiente y reaplicar cada dos horas, especialmente después del baño, la sudoración intensa o el secado con toalla. Un bote pequeño puede dar una falsa sensación de seguridad, pero quedarse corto durante un fin de semana de exposición solar.
La recomendación de la farmacéutica es clara: el protector solar debe mantenerse en su envase original, bien cerrado, protegido de la luz directa y del calor. Además, hoy en día existen en el mercado fotoprotectores en formatos de 100 mililitros o menos, pensados precisamente para estas circunstancias: viajes cortos, escapadas de fin de semana y equipaje de mano. Elegir uno de estos formatos es mucho más seguro que trasvasar el producto a un envase transparente o no adecuado.
También pueden ser útiles otros formatos de viaje, como sticks solares, brumas o fotoprotectores compactos, siempre que se utilicen correctamente y se reapliquen con la frecuencia necesaria.
La protección solar no depende solo del número que aparece en el envase. También depende de que el producto esté bien conservado, se aplique en cantidad suficiente y se reaplique correctamente. Por eso, antes de hacer un trasvase para ahorrar espacio, conviene recordar que un fotoprotector mal conservado puede no proteger como debería.
En verano, la piel necesita una protección eficaz y fiable. Y esa protección empieza antes de aplicar la crema: empieza conservando bien el producto.
Virginia Barrau
Farmacéutica. Máster en Dermocosmética